Pablo dice que no lo dudó un segundo. Al momento de decir que sí, sólo comenzó a pensar en qué necesitaba, cómo entrenar, qué llevarse. No iba a dejar pasar la chance de intentar subir al Aconcagua, junto con otros 12 deportistas que buscan promover el deporte, la vida saludable, fomentando los valores olímpicos de amistad, respeto y excelencia; dar un mensaje esperanzador a la sociedad a través de sus historias de superación y, además, recaudar fondos para la Fundación Bacigalupo que trabaja en el desarrollo psicomotriz de chicos con discapacidad intelectual.

Todos los que intentarán subir a los 6.962 metros del pico más alto de América tienen un punto en común en sus vidas. Todos debieron superar alguna situación adversa y utilizaron al deporte como fuente de inspiración y motivación. Por eso es que Pablo Giesenow dijo que si tan rápido, porque estaba entusiasmado con el desafío pero porque además sabe que su historia puede ayudar a tantos otros que pasaron por lo mismo que él.

En el 2015, Pablo perdió las dos piernas en un accidente de auto. Viajaba por la ruta 35, a la altura de la localidad de Winifreda, en una noche de mucha lluvia. “No venía rápido, pero el auto hizo aquaplaning, maniobré y me fui hacia el guard rail. Estuve todo el tiempo consciente”, cuenta, como si su relato le perteneciera a otra persona. “Pensar que mi papá y mis dos hermanos son médicos y yo no quise serlo porque veía sangre y me desmayaba. Y ese día vi todo”, explica.

Lo rescataron bajo la lluvia y él supo lo que se venía. Le amputaron las dos piernas pero lejos estuvieron de arrancarle la vida. Para Pablo comenzó otra historia, la de superación, la que lo llevará en febrero al Aconcagua para demostrar que nada está perdido. Siguió adelante con su estudio de abogados, consiguió las prótesis necesarias para volver a la actividad física y comenzó a plantearse objetivos, uno de los cuales incluye participar en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Giesenow se dedica al Triatlón y busca otros doble amputados en el país para intercambiar información.

“Aconcagua es una oportunidad increíble para mí, no lo esperaba, no lo planeaba y apareció de repente para cambiarme más aún la vida… Creo que todos en nuestra vida debemos plantearnos ciertos retos, nuevos desafíos, objetivos por cumplir, que sean ese motor que nos pone en marcha para estar mejor cada día. El combustible para ese motor es primordialmente humano, es la familia, son los amigos, nuestra comunidad. Encarar el sendero que nos lleve a ello, con pasión, con mucha voluntad y sobre todo, con amor por la tarea. Quiero disfrutar el camino, el paisaje, mis compañeros de hazaña, las palabras de aliento previas, los abrazos al bajar, todo ello, por sobre el resultado”, dice con emoción.

Pablo iniciará el desafío de una manera diferente. Llegará en helicóptero hasta Plaza de Mulas para luego comenzar el ascenso allí con el resto de sus compañeros, entre los que se encuentran Fabricio Oberto, Paula Pareto, Santiago Lange o Julián Weich. “Me explicaron que no tiene mucho sentido caminar tanto, sólo para llegar ahí”, relata. Pablo viajó especialmente a Buenos Aires para juntarse con los organizadores del evento y los entrenadores y médicos a cargo, entre los que se encuentran Gabriela Castillo, seis veces ganadora del Tetra de Chapelco y entrenadora; Alejandra Hintze -atleta y Médica Head Coach del equipo Adidas- y  Charly Galosi, ultra runner y especialista en montaña. Todo bajo la supervisión de Fernando Grajales y equipo.

“En mi caso, a diferencia del resto, debo cuidarme especialmente de no lastimarme con mis prótesis, algún mal movimiento… El dolor no me limita, no me frena, pero lastimarme sí”. Es por eso que ya tiene todo su equipo especial armado y listo. Protección para sus prótesis y el resto de su cuerpo.

“Mi ‘sí’ fue inmediato, sin dudarlo… Si lo pensaba más, también decía que sí”. El Aconcagua lo espera.