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Lo quería, lo logró. Tres distancias, tres oros, por tercera vez. El primer atleta en lograrlo. La pista es suya, no hay dudas. Hay quienes quieren que pierda, de una buena vez, para que gane humildad. Quienes desean que gane siempre, porque lo ven transparente, divertido o carismático. Hay quienes sólo disfrutan de verlo correr, de ver esa técnica perfecta, los pasos en el aire, su enorme humanidad superando al resto. Disfruta, a veces pareciera hacerlo como un chico, como si se tratara de juego. Quizá sea ese el secreto de esas nueve medallas en tres Juegos: Beijing, Londres, Brasil. 100 metros, 200 y relevos 4×100. Un beso a la pista después del último. ¿Despedida olímpica?

Quien intentará convencerlo es nada menos que su compañero de team, Yohan Blake, ganador de la medalla dorada en los relevos. “Usain es inmortal. Y le animaré para volver a correr en 2020”.

“He hecho todo y he logrado todo. Estoy contento conmigo mismo. He logrado muchas cosas y estoy orgulloso de mí mismo. Nunca pensé que sería capaz de hacer el ‘triple triple’ en los Juegos Olímpicos. Con el primer triplete estaba simplemente feliz, el segundo era un desafío y el tercero es algo increíble. Espero que haya puesto el listón lo suficientemente alto para que nadie lo pueda volver a hacer. La gente me pregunta siempre si soy invencible. Cuando hablamos de campeonatos creo que lo soy”; dijo tras la carrera.

“Sabía que tenía que llegar. Tengo sentimientos encontrados. No me salen las palabras para calificar estos tripletes. Este deporte me va a faltar. Los Juegos me van a faltar porque para un atleta es el evento más importante. Pero he probado que soy el más grande de este deporte y he cumplido la misión que me fijé”, dijo al finalizar.

¿Qué se le viene ahora? “Nada. Necesito nuevos objetivos. Pero ahora me voy de vacaciones y a descansar”.