Relato de una primera vez…

Domingo 11 de marzo 2018, 7 de la mañana… Hoy no voy a ser el único en el subte de Barcelona a esa hora muy matinal… Unos corredores se están dirigiendo hacia Plaza España en este mismo momento desde los 4 rincones de la ciudad catalana.

Suelo cubrir carreras de montaña así que llegar en transporte público a la linea de largada, pues, adentro mío hace surgir una pequeña sonrisa. Pero al salir del subterráneo, desapareció… ¡Escalofrío y adrenalina en cambio recorren mi piel!

Aquí estoy… Hoy es el día de la Zurich Marató de Barcelona 2018 (y no, Marató no lleva de “n” final en catalan). ¡¡¡Más de 17.000 corredores!!! A punto de largarse por 42 kilómetros. Para los elites, 2 horas y 30 minutos de recorrido, para los 16.800 restantes, lo importante es llegar y si es posible disfrutar.

 

10 grados de temperatura, pronóstico del día: ¡sol y frescura!

Son las 8 ya, faltan 30 minutos… El pass de prensa colgado en el cuello, el briefing en la mano, me hago amigo del piloto de la moto que me llevará a lo largo del recorrido. El conoce el recorrido, yo no. Miro alrededor mío, asfalto, semáforos, autos… Más vale que haga el switch rápido en mi cabeza… De montañas, bosques, y cenagales hoy nada…

Como siempre, eso sí no cambia, 60 segundos antes de la largada el corazón late a pleno. Ultimas verificaciones, las cámaras Nikon están listas desde ayer: ellas más que yo conocen el trabajo, los seteos ideales, y saben que las voy a sacudir un poco.

Ubicarse a distancia razonable del punto de largada: check.

Comprobar de una señal de la mano que el piloto de la moto este listo: check.

Tomarse 5 segundos para pincharse como para asegurarme que no estoy soñando: check.

00h00m00s: GO

Click clack, 2 disparos, me corro de la trayectoria, y 10 segundos después, estamos ya persiguiendo a los 10 africanos elite de la carrera.

Me adelanto un poco para sacar unas tomas de la punta, y transmitir la impresión de velocidad de esos atletas. Cuesta imaginar que se trata de un maratón por la velocidad y la zancada que logran tener.

Primer punto clave del recorrido, el Camp Nou, estadio del de FC Barcelona. Me bajo rápido porque no logramos distanciarles mucho, encuadro el edificio en el visor, apunto a los primeros, la luz directa del sol de costado… No lo mas ideal, pero ya es demasiado tarde para cambiar. Click clack. Me detengo un poco más, unas tomas de un primer pelotón y seguimos.

Seguirán así los monumentos de Gaudi, la Pedreda y la Sagrada Familia, el puente de Calatrava, el Forum, la torre Agbar, el Arc de Triomf, plaza de Toros, etc, etc.

Tendré muy poco tiempo para disfrutar de las obras magistrales en sí, pero recorrer a alta velocidad las avenidas principales vacías de autos, colectivos y motos de una ciudad como Barcelona, normalmente congestionada por el trafico, vale el cambio.

El público catalan es muy creativo: abundan carteles con “Run Maria Run” o “Sweat is Awesome” para alentar los atletas. Y tierno cuando se asoma a los balcones toda la familia, café y medialunas a la mano.

Los primeros ya han pasado la línea de llegada cuando la carrera empieza a mostrar su cara mas emocionante, más humana aún. Cuando los corredores empiezan a luchar contra la ganas de abandonar, los calambres, el hambre, el dolor, las dudas, la pérdida de sus compañeros. Cuando el cuerpo pide abandonar y que le toca a la mente llevar las piernas hasta el km 42.

Ahí sí, a veces bajo la cámara.

Intenso, adrenalínico, espectacular, son las palabras que definirán esa primera experiencia de una maratón de calle. Y una vez más, las Nikon se merecen después de eso unos mimos y una limpieza en profundidad.

Hasta la próxima.

Sebastien Assoignons neció en Bélgica, pero trabajó muchos años en Argentina siendo fotógrafo de carreras de montaña. Instalado en Barcelona, España, cuenta su primera experiencia con sus cámaras en una maratón de calle.