“Durante dos días no hubo más perros en Villa La Angostura”.

Andan por todos lados siempre. Pero los cuatro días que dura el K42, entre acreditaciones y carreras, ellos andan más que nunca por cada rincón. Van y vienen, buscan una caricia, un rato de juego, algo de comer. Pero sobre todo, corren. De acá para allá. Largan junto a todos, cruzan el arroyo Piedritas, se le animan a la cima del Belvedere, bajan, saltan, ladran y vuelven a subir al otro día para seguir acompañando gente hacia lo más alto del cerro Bayo. Cada uno de los corredores que participó de alguno de los eventos (K15, K42 y K Kids) recuerda en algún momento haberse cruzando con alguno de los tantos perros que habitan en la Villa y que viven estos días de competencia tan a full como las personas que viajan a competirla. Eso sí, cuentan desde ADYPA (Asociación para la Defensa y Protección del Animal) que dos días después de las carreras no había perros por la zona. “Estaban todos roncando”, dicen.

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A diferencia de quienes corren carreras de calle, donde los perros que circunstancialmente acompañan a los corredores pueden llegar a complicar el paso en algunos tramos del recorrido, quienes lo hacen en la montaña agradecen su presencia. Porque no sólo acompañan, motivan, entretienen, distraen. Verlos pasar a toda velocidad, con la lengua afuera, disfrutando del ascenso o descenso invita a imitarlos. Y son muchos los corredores que se detienen a convidarles un poco de agua de sus propias caramañolas y en los puestos de hidratación.

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Pero claro, detrás de los famosos perros de Villa La Angostura hay una historia no tan feliz: son cientos los perros los callejeros que son “de nadie”. En ADYPA se encargan de cuidarlos, castrarlos (todas las hembras de la ciudad lo están), vacunarlos, desparasitarlos, alimentarlos y de juntar dinero para realizar cada una de esas acciones. Y muchos comerciantes del centro también colaboran, haciéndose cargo de los canes que suelen estar cerca de sus locales, en los que se puede encontrar una urna para hacer donaciones monetarias. “La única manera de bajar la sobrepoblación de animales callejeros es a través de la castración”, explican en la Asociación. Buscan concientizar a los habitantes sobre su responsabilidad (muchos perros tienen dueños y hogares pero circulan por la Villa sueltos sin estar castrados ni desparasitados, lo cual es un problema y un riesgo para los animales).  Muchos, además, sufren el abandono cuando sus familias se deciden mudarse y no los llevan con ellos. La situación se agravó después del 4 de junio del 2011 cuando, tras la erupción del volcán Puyehue, dejó a la Villa cubierta de cenizas. Mucha gente se fue de la ciudad neuquina dejando a sus mascotas a la deriva. “Por suerte recibimos mucha ayuda anónima”, cuentan.

 

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“Ahora estamos con una fuerte campaña de perros comunitarios: la idea es que todos estén castrados,  vacunados, desparasitados e identificados con collares”, explican en ADYPA. La idea también es que la gente sepa que están sanos y listos para irse en adopción. “Blade fue un perro que estuvo un año encerrado en la perrera y que nosotros llevamos hasta Buenos Aires, donde hoy vive feliz con una familia que lo quería pero no tenía cómo llevarlo hasta allá”, relata Ayelén, de ADYPA. La idea es que cada uno de los animales que hoy viven en la calle tengan un final feliz.

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El collar que les colocan en ADYPA

Para comunicarse con ADYPA: 0294 15-415-2230
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Las fotos son de Juan Cruz Rabaglia, Federico Cabello y Araikani.