Lo vivido el fin de semana en Villa la Angostura continúa repercutiendo en la cabeza y en el corazón de los corredores. Hoy compartimos el relato de una referente del trail run, Laura Gordiola.

…Y pasó el K42, la maratón  más emblemática de trail  del sur argentino en Villa La Angostura.

Con todo lo que ello significa este gran evento; desde las cosas más simples, pero no  por  no eso  insignificantes; como salir a correr por el pueblo,  cruzarse con corredores de todas partes y sentir la complicidad en el gesto gentil del saludo asentido con la cabeza, con una mirada, con el esbozo de una sonrisa, con la mano o simplemente hablado ….Toda esa adrenalina previa, la paz del lugar , el aire puro , la cordialidad del pueblo, te hacen dar un giro de 180 º para abrir aún más los ojos, los sentidos  y caer en la feliz realidad….

Mis más allegados saben que los últimos 25 días no he podido entrenar…. que dolió, tanto en lo físico como en lo mental teniendo un objetivo tan cerca… perdí  mucho estado y como saben cuando perdemos días de entrenamiento ganamos inseguridad….

Si bien el K42 estaba programado como el último entreno de calidad, un trampolín para ir de lleno a mis primeros 100km,  había que llegar en forma, y yo, la había perdido…..

Sentí el  temor de no poder terminarla, sabiendo la naturaleza de esta prueba…

Gracias al gran equipo de profesionales osteópatas,  quienes hicieron posible para que pudiera llegar a correrla luchando hasta la última semana para acomodar mi pie y que al menos no hubiese tanto dolor!

Los primeros 3 km salí como si estuviera entrenada,  a mi ritmo (el que creía perdido)… luego bajé de un sacudón a la realidad ¿a dónde vas?- me pregunte- te vas a morir en el intento – me repetía – no estás compitiendo!- una y otra vez.

Luego en el ascenso al Belvedere sentí tanto dolor que parecía se iba a romper el peroné.  Me decía a mi misma,  no duele…no duele, es un entreno,  pero por otro lado el miedo a romperme me decía  pará !  Pero no podía parar, en un instante pensé…me saco el dorsal y me siento al costado….Pero no, no podés abandonar!  Si se rompe será con justa causa, ya pasa no duele….

Es muy difícil entrenar estando dentro de una gran carrera y saber que uno tiene que limitarse a como estas en ese momento… Aguanté,  aguanté  hasta que pude anular el dolor, cosa que no recomiendo.

Pasó y comencé  nuevamente a disfrutar de  la montaña, sintiendo el aire puro y la energía de los demás corredores…

La gente alentando en el recorrido que  salía de la nada eran constantes refuerzos de alegría, emocionaba hasta el alma el ver a cada atleta dar lo mejor…

Y luego, el sonido del agua!  No hay encantamiento más dulce que éste para mis sentidos.

Después de trepar y trepar cual cabra llegó la cumbre del Bayo con su vasta inmensidad!  Qué  torpe me sentí en esa parte,  yo no podía dar un paso y con la irregularidad comenzó el dolor, agudo esta vez, comencé a buscar pensamientos positivos, hablándome y centrando la atención en otras cosas…

Respirá el aire puro que te llegue a los pulmones, me decía, sentite  privilegiada de estar en esta gran inmensidad,  la montaña cura, eso fue algo así como un pensamiento mágico que revirtió el dolor.

Si algo le dejaría de herencia a mi hija seria cada cumbre conquistada como símbolo de lo dura, pero hermosa que es la vida….Pensaba también en los chicos que entreno en mi grupo y en la alegría que iban a tener sabiendo que yo terminaba la carrera.

Disfruté  cada paso sintiendo esa paz infinita que llena por completo mi alma, esto es por lo que vine, la recompensa mayor!  Ni un podio, ni un trofeo, ni siquiera pasar por el arco lo superan!

Esta es mi fuerza, esta es mi tierra  y que maravilloso instante…….

 

Laura Emilce Gordiola

@lauragordiola

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