“Es indescriptible, tanta naturaleza, estar tan cerca del cielo, me acuerdo de mis hijos, de mi familia, todos los sentimientos afloran al 100 %, gracias a Dios por estar viva”.

“Un sueño cumplido, divino, un esfuerzo que valió la pena. El circuito es precioso, llore en cada subida en cada bandera, en cada aplauso con la gente. Ellos nos agradecen a nosotros por venir a conocerlos y nosotros debemos ser los agradecidos”.

“Mientras uno está acá se da cuenta que Dios existe. El paisaje es tan hermoso, tenemos un país maravilloso”.

Estos son algunos de los testimonios de los más de 2100 corredores que participaron este fin de semana del Raid de los Andes. Definir lo que vivieron durante los tres días de carrera se resume quizás con una palabra: Conexión. Conexión con la naturaleza, con la cultura, conexión con uno mismo.

“Es una carrera donde el reloj queda de lado”, nos comentaba Sebastian Tagle previo a la largada y sin dudas es así. Mientras que un grupo minúsculo peleaba por acceder a un escalón en el podio , el resto de los competidores  solo pensaban en disfrutar del entorno característico y absorber la energía que brota en esta tierra.

Desde la estación Chorrillos en Salta por donde circula el tren de las nubes hasta las Salinas de Jujuy, pasando por Tumbaya y Purmamarca  los corredores fueron emocionandose de menor a mayor. El primer día en Salta  fue correr, era una etapa para disfrutar, con un recorrido en descenso por  vías, túneles, puentes y cruce de río.

Las sensaciones afloraron el segundo día. Izar la bandera siempre moviliza y más cuando uno se encuentra en un pueblo como Tumbaya. Una comunidad coya de  1.000 habitantes que esperan ansiosos la llegada del Raid. Los más pequeños miran a los corredores como superheroes, los jóvenes se integran al trabajo en el recorrido y los adultos llevan la música a los 3.000mts de altura, para alentar a los atletas. Piel de gallina, lagrimas e infinita gratitud hacia ellos, se notó en cada paso. Cruzar el arco en Purmamarca con el cerro de los siete colores de fondo, fue la explosión emotiva del día 2.   “En dos meses tengo mi alta oncológica y esto lo voy a lograr” nos decía la corredora 2165 al llegar a la meta, mientras que el aplauso de camaradería se hacía presente.

Salinas Grandes fue el broche de oro. Con una largada cinematográfica sobre el desierto de sal jujeño, los 10km de running en los 3450mts sobre el nivel del mar marcó el fin de una aventura emocionante.

En lo deportivo, para destacar el contundente triunfo de Diego Simon en caballeros. El tandilense estuvo intratable y si bien llegó 2do el tercer día, el tiempo en la sumatoria lo puso en lo más alto del podio. El cual fue completado por Damian Carrizo y Jorge García.