Esta es la pregunta que revoloteaba sin parar en la cabeza de  Ivan Chiurchiu, médico cardiólogo que planificó todo su 2015 con una sola meta, llegar en el mejor estado físico y mental a Transgrancanarias. Su experiencia en una de las pruebas más duras de Ultra Trail que se desarrollo durante los primeros días de marzo.

Transgrancanarias por Ivan Chiurchiu.

Eran las 23 hs del 04 de Marzo y me encontraba en la manga de largada, en puerto de las nieves, Agaete (Gran Canarias)  a punto de largar la tercera fecha del UTWT (Ultra Trail World Tour) la Transgrancanarias HG, y la pregunta recaía en mi cabeza una y otra vez.

El clima no favorecía, si bien en la isla generalmente éste era bastante benévolo, ese día no fue el caso. El viento inicialmente, y una leve llovizna después, hicieron un poco más hostil y preocupante el inicio de la largada.

Miré a mí alrededor y, como siempre, pensé que entre mis circunstanciales compañeros se encontraba gente muy experimentada, con muchos kilómetros y experiencia encima, que obviamente contrastaba con mi poco recorrido en esta disciplina del ultra. Rápidamente pasó por mi mente la primer experiencia como corredor de hacía apenas 3 años y todo el recorrido que me llevó a tomar la decisión de inscribirme en esta terrible carrera que, más allá de la distancia (125k), era destacada por su gran desnivel (8000m+)

El objetivo propuesto terminó siendo también un factor que inicialmente me presionó, ya que  de antemano debíamos ubicarnos en la manga según las horas que pensábamos disponer para llegar. Mi deseo era poder completarla en menos de 20hs y eso de a poco comenzó a presionarme.

Para empeorar la situación, y faltando 3 minutos para largar, intenté encender mi frontal y nada (aunque había sido probada previamente en el hotel). Rápidamente le cambié las pilas y tampoco. “Ahora sí que estoy en problemas”, pensé en mi interior. Saqué una segunda frontal de menor calidad en cuanto a sus lúmenes, pero funcionó, y no me quedó otra opción que comenzar así la prueba. El cronómetro marcaba menos de 60 segundos.

La adrenalina del reloj, la música que aumentaba su volumen, los presentadores que estimulaban al público… todo hacía que en pocos segundos se despertara la locura de la partida. Las escenas más agradables de mi vida pasaban por mi cabeza como un cortometraje con final feliz. Desde atrás, el resto de competidores comenzaban a empujar hacia adelante con la misma ilusión, queriendo cumplir el mismo objetivo: llegar.

Largamos.  Corto recorrido por las calles de Agaete, acompañados  por la gente cálida del lugar. Ni siquiera el clima los ahuyentaba… era su fiesta y querían que lo notemos. Rápidamente entramos en un camino ancho pero con franco ascenso. De antemano sabía, cuando memoricé el perfil de la carrera, que la primera subida era el que tenía mayor desnivel positivo acumulado (1200m+). Lo tomé con calma. No importaban los que me podían llegar a pasar. Esta vez cambié el chip de mi cabeza, no contaba cuántos eran los que me pasaban, ni cuánto tenia adelante. Tenía en mente hacer una carrera de menos a más y así fue.

De a poco nos fuimos alejando, la fila de linternas se veía a lo largo de todo el sendero. Progresivamente, y a medida que tomábamos más altura, nos fuimos metiendo en la nube. No se veía nada, pero intuía que el lugar era un tanto agreste por la falta de reparo. No había plantas a mí alrededor. A lo lejos se dejaba ver un poblado con mucha iluminación en medio de tanta nubosidad, podían ser Las Palmas…no lo sabía, pero me gustaba jugar en carrera con la orientación, ya que era un motivo más para que se discurra el tiempo. En menos de los estimado ya me encontraba en la cima y pasando el primer control. Me quedé tranquilo, recién ahí me relajé y comenzó  a fluir en mí el verdadero ritmo de carrera, ese que permite llevar una cadencia regular, saltar a pequeños saltitos como un resorte inagotable.

Las imágenes de todos los que me alentaban, el entrenamiento, mi familia, amigos… todo se repetía una y otra vez, sobre todo en los momentos más críticos. Rápidamente llegaba otro control, y se reiniciaba mi pequeña computadora mental.

Cuando se estaba por terminar la carga de las pilas de mi frontal y comenzaba  a preocuparme, jugaba con la posibilidad de un amanecer precoz. A las 06:45hs comenzó a aclarar, todo se diluyó y podía ver dónde me encontraba y tomar referencias geográficas de alturas y distancias. Comencé a estar más vigía y reactivo. De a poco fui notando que pasaba cada vez a más corredores (“cadáveres”, como decía un gran amigo ultrarunner, Gilberto Iglesias). Ello no me relajó, yo podía desfallecer en cualquier momento. No lo tomé como un dato favorable, y seguí concentrándome en mi ritmo y en la naturaleza de mi andar. Es increíble, todo se volvía natural y regular. A pesar de los kilómetros, el desnivel y las horas, la respiración, el movimiento de brazos y piernas no paraba, no se distinguía por su rapidez, pero era constante y permitía no colapsar.

ivan3

Cuando menos lo pensé, estaba en el penúltimo control. Restaba toda bajada, seguía pasando a algunos corredores. De todas formas, nada era color de rosa, y la última parte discurrió entre un canal seco con fondo de piedras, en la que debía estar sumamente concentrado y con la máxima coordinación psicomotriz posible para no esguinzarme y mantener el ritmo.

Entré a la ciudad. Mi respiración se hacía cada vez más larga, el corazón estaba muy relajado… ya palpitaba la llegada. Eran 3 km por la ciudad en la que si bien no conocía a nadie, me sentí reconocido por desconocidos, pero no solamente por llegar sino porque aquel objetivo inicial de hacerlo en menos de 20hs ya no era una posibilidad irreal o una duda… lo estaba palpando, lo estaba logrando, y por lo tanto me convertía en un corredor reconocido y así lo hacían notar en la llegada, entregando una distinción, además de la medalla y el famoso chaleco finisher, con la descripción de Finisher under 20hs.

ivan2

Finalmente pasé el arco y fui pleno, no por un rato, sino que aún permanezco en ese estado de plenitud y felicidad que probablemente tantas endorfinas hayan regalado a mi cuerpo. Antes que se termine esta sensación maravillosa, estaré desafiando un nuevo objetivo, una nueva locura en la que me quiera meter y me llegará nuevamente el deseo de hacer este recorrido que me lleva a disfrutar de tanta paz y felicidad interior.

Vamos por más?