A los 51 años, Miguel Manriquez, siendo ciego corrió los 70 km de Patagonia Run Mountain Hardwear convirtiéndose así en Ultra Maratonista. Su evolución en el mundo del running fue progresiva, siendo esta competencia, en su San Martín de los Andes la que lo viera crecer. Comenzó en 2013 con 10 Km, luego en 2014 paso a 21. Lesiones y una operación lo marginaron por dos años de la prueba. Durante la octava edición en 2017 alcanzo la marca maratónica (42km) y en este año fue por sus 70 km acompañado por Cristian Barreiro, su guía.

Correr para Miguel no es tan simple.El no puede ponerse un par de zapatillas y salir a entrenar. Miguel necesita un guía, una persona que lo acompañe que se una a su lazorillo amarillo y transite junto a el los senderos, que le avise si hay piedras si hay troncos o si simplemente el camino esta despejado para acelerar el ritmo. La solidaridad de los atletas locales, amigos y familiares han logrado que su historia de superación también sea una historia deportiva.

LA HISTORIA DE MIGUEL.

Al poco tiempo de quedar ciego, su hija tenia una carrera del Jardín de Infantes. Ella no entendía aún lo que sucedía y con la inocencia de su infancia le dijo a su mama: “Papa no quiere acompañarme”. Esas cuatro palabras al día de hoy no se le borran de su mente, se emociona al recordarlas y tras sus lentes negros afloran las lagrimas, lagrimas que podrán haber dolido en ese momento pero que fueron transformandose en un impulso a su vida.

Su hija Solange o Peque como le gusta llamarla a él, fue su musa inspiradora. Un día le pidió un dibujo y Miguel lanzó la frase más fácil “No puedo hija, no veo”, ella fue a su cuarto agarró papel y lápiz y le dijo:” Si no practicás, nunca vas a poder”. Su cabeza hizo un click. Era su solcito quien lo ubicaba en la necesidad de salir adelante, era esa pequeña que llegó al mundo luego de que infinidades de médicos y estudios les decían a Ruth ( su mujer) y a él que no podían tener hijos. Era esa pequeña luchadora que había nacido con Miocardiopatia dilatada y que por un Milagro de Dios o cosa del destino fue evolucionando y los controles semanales, pasaron a ser mensuales y luego anuales y el eminente transplante de corazón hoy parecería quedar en un recuerdo. Así fue que Miguel empezó a buscar salir del pozo, de una profundidad desconocida si le sumamos que la ART le cortó el aporte. Con una discapacidad a cuesta y sin recursos económicos se acercó a la Asociación Puentes de Luz, un centro de día que trabaja con personas con discapacidad y comenzó a participar de talleres. Sus conocimientos de chacarero lo llevaron a trabajar por la discapacidad con la creación de Sabor Natural, un emprendimiento productivo  de Puentes de Luz que hoy da trabajo a varios jóvenes con discapacidad en San Martín de los Andes.

                                                                       Miguel Manriquez y su mujer Ruth trabajando en la huerta de Sabor Natural.

De la mano de Puentes de Luz corrió sus primeros 10 km en Patagonia Run, junto a Luis Rodriguez directivo de la Asociación. Entrenaban dando vueltas en la cancha de Polo y se acoplaban a caminatas por la montaña con el resto de jóvenes y familiares de Puentes, que siempre vieron al deporte como una necesidad inegociable para los chicos.

Luego se unió a los Lynces y junto a otros deportistas no videntes unieron Villa la Angostura con San Martín de los Andes en postas de 10Km. Por esos tiempos a Miguel ya se lo veía sonriente, efusivo y comprometido. Un joven Gabriel con tan solo 15 años tomó la posta de ser su lazarillo y juntos afrontaron los 21 Km de Patagonia Run en 2014. Los 42 km junto a Valeria Iriarte llegaron en 2017 con muchas carreras a cuesta, gracias a la generosidad de los organizadores que lo invitan a participar. Hoy Miguel ya transitó el camino de los Ultra Maratonistas.

El pasado sábado, la novena edición de Patagonia Run, lo ponía a prueba nuevamente. Esta vez eran 70 km, que en realidad fueron 74,5. Su guía Cristian un erudito en las carreras largas le aconsejó abrigarse bien. Dos remeras térmicas, la remera de carrera, calzas largas y a comenzar  la prueba. Durante la trepada al colorado sobrepasó a muchos competidores, los tiempos estaban dentro de lo esperado, el descenso del colorado no presentó dificultades pero no esperaban la dureza del Cerro Centinela. “Hubo que ser muy cuidadosos, el camino tenia muchas raices y troncos que a mi me dificulta, pero por suerte Cristian me guió muy bien y entre la trepada al Quilanlahue y el retorno al Pas Colorado recuperamos las posiciones perdidas, cuidando las piernas y sabiendo que lo importante era llegar”.

                                                                                    Miguel y Cristian en la cumbre del Quilanlahue.

 

 

17h:43m:56s fue el tiempo que le llevó cumplir su carrera, en la llegada todo era algarabía, todos esperaban su arribo. Junto a ellos arribo Maria Laura Lopez una corredora de Buenos Aires que se acopló a ellos en todo el trayecto fundiéndose los tres en un fuerte abrazo en la llegada. Los medios de prensa buscaban las palabras de Miguel, hasta que sintió que a su cintura se sumaba un fuerte abrazo, que no hablaba porque las lagrimas de emoción se lo impedían. Era su muza, era su Peque, era la persona que siempre supo que su Papa podía dar más. Era Solange: su hija.

                                                                                                         Miguel, junto a Ruth y su hija Solange