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Chávez llegó descalza y con los dedos vendados. Foto: Tiempo de San Juan.

Tiene apenas 29 años y ya cumplió su sueño olímpico. Tiene por delante al menos dos más. Pero haber podido terminar la maratón en Río 2016 pese al calor y la humedad ya es un logro en sí mismo. Viviana Chávez finalizó en el puesto 125 con 3h03m23 y una promesa puesta en Tokio 2020. “Sé que la marca no es significativa, pero nunca corrí en una situación como esta. El calor era insoportable, y ya en kilómetro 6, empezaron a abandonar”, contó la atleta.

“Tengo que terminar, me lo propuse, lo disfruté los últimos kilómetros porque ya venía muy relajada. Me concentré en que quería llegar, no era un día para hacer marca, ‘hay que llegar’ me repetía, por toda la gente que estuvo detrás de este proyecto. Cuando pasé la línea de llegada dije ‘ya está, soy olímpica’. Me queda mucho camino por recorrer, porque me motivó mucho”, agregó.

Ahora, tras tres semanas en Ifrane, Marruecos y luego un paso por Campinas, San Pablo antes de llegar a la Villa Olímpica, a Vivi le tocó reencontrarse con los suyos en Astica, donde fue recibida como una heroína por su gente y su familia. A las 7 de la mañana aterrizó en la provincia de San Juan y luego fue llevada en camioneta a recorrer diferentes lugares, donde pudo reencontrarse con amigos, familiares y mucha gente, sobre todo chicos, que se dieron el lujo de abrazar a la atleta olímpica, que se mostró muy emocionada.