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Dos veces en el suelo, besando el tartán. La primera fue cuando aún quedaban 33 vueltas para terminar los 10.000 metros. Mo Farah cayó al suelo al tropezarse con el americano Galen Rupp y él mismo confesó haber sentido que su sueño “se había terminado”. Pero se levantó enseguida y no perdió la compostura ni la fe. Y, así, se llevó su tercer oro olímpico, el primero en Río.

Farah tardó apenas 2.36 segundos desde que se golpeó con Rupp hasta que estuvo de nuevo en pie. Y en un par de segundos más se acomodó de nuevo en el pelotón. “Tuve mucha suerte que la caída haya sido tan temprano en la carrera”.

De los 34 atletas presentes en la final, no hubo ninguno que haya podido hacerle sombra. Desde el inicio y hasta el paso por el 2.500, Mo Farah ocupó la cola de la carrera. El tropezón justo antes de pasar por el cuarto kilómetro lo dejó en el piso. Hasta que comenzó a tomar impulso y quedó junto con otros cinco los atletas en el pelotón de adelante. Con un gran sprint, cruzó la meta en 27m05s17 y se quedó con el oto, por delante de Paul Tanui (27m05s64) y del etíope Tamirat Tola (27m06s26). El cuarto lugar fue para  Yigrem Demelash (27m06s27) y el quinto puesto para el estadounidense Galen Rupp (27m08s92), quien ahora va por los 42k.

“Le había prometido a mi hija mayor Rihanna el oro. Ahora voy por otra medalla para mi hijo”. Tiene cuatro hijos y tres medallas. Y aún le quedan los 5.000, el sábado 20 a las 21.30.

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AFP