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Mi historia relacionada con el K 42 no resulta extraña ni compleja. Tampoco tiene como objetivo principal lograr grandes marcas, ni sumar miles de kilómetros, ni mucho menos intentar meterme entre los 100, 200, 300 o 400 mejores de una prueba que ya es una fija en la vida de toda persona que disfrute de mover sus piernas durante varias horas.

Mi historia con el K 42 pasa por otro lado. Pasa por intentar ordenar mi vida, por despejar mi cabeza, por mejorar mi humor y así disfrutar del día a día con Luciana (la persona con quien quiero pasar el resto de mi vida), con Diego (mi hijo que llegará al mundo en pocas semanas), con mis viejos, hermanos, sobrinos y con mis amigos.

También pasa por encontrar en los entrenamientos el oxígeno necesario para que mi cabeza piense mejor y así darle el salto de calidad necesario a cada uno de mis trabajos (ya sea para escribir, conducir programas de radio o de televisión).

Para mí ( Checho Arregui, un zapalino de 36 años que volvió a vivir a su pueblo natal después de ocho años en los que laburó en Neuquén y Buenos Aires); el K 42 es el modo ideal para mejorar mis días y así llegar al mes de noviembre con el humor, el estado físico y mental ideal para salir a jugar #MiK42.

 

Soy un convencido que el deporte tiene que ayudarnos a mejorar nuestra calidad de vida y tengo claro que no debe ser para sufrirla, padecerla o arriesgarla. La vida es lo más importante que tenemos y debemos hacer lo posible para que sea mejor, más llevadera y mucho más divertida.

 

Sinceramente, cuando el equipo de Patagonia Eventos me ofreció ocupar este espacio para contar “mi historia”, tenía algo de miedo y no quise publicar mi primera nota hasta que no se cumpla un mes desde el primer entrenamiento. Por ello es que hoy, a un mes y medio del primer laburo con el Profesor Javier Dinamarca, me animo a contar que de a poco las cosas van por buen camino y que a pesar del duro clima, voy cumpliendo con cada sesión de entrenamiento.

 

En estos 45 días hemos corrido con viento, con mucha lluvia (demasiada para esta zona) y algo de frío. Hemos conocido lugares, nos metimos por calles desconocidas y nos hicimos muy “amigos” de la bicicleta. Si! La Bici, ese noble vehículo que a los gorditos nos ayuda a bajar de peso y nos traslada de un lado al otro sin contaminar el ambiente.

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El domingo en el Chocón tendré la chance de salir a mover las piernas y así disfrutar de la primera carrera oficial de este año. Está más que claro que cada carrera es un festejo, no se trata de un sacrificio, tampoco de dejar cosas de lado. Acá se trata de construir la felicidad diaria y correr rodeados de gente es un gran motivo para confirmar que este es el mejor camino.

Seguramente el domingo me voy a encontrar con muchos corredores y corredoras, que al igual que yo, buscan ser feliz a cada paso sin más armas en la mano que una remera, un short y un cómodo par de zapatillas.

Checho Arregui.